Súplica Final De Caden Ante Elara

Cuando Caden volvió a tocar la puerta de Elara, ya no quedaba rastro del hombre altivo que la había abandonado. Habló de errores, de noches sin dormir, de cuentas vacías y de una soledad que lo asfixiaba. Le pidió ayuda, no como amante, sino como alguien naufragando y buscando una tabla mínima.
Elara lo escuchó entero sin cruzar los brazos ni abrir la puerta del todo. Recordó hospitales, notas frías y salas de juicio antes de responder. Agradeció su honestidad, pero dejó claro que su vida seguía otro rumbo. No repetiría viejos patrones: podía perdonar, sí, pero sin entregarle de nuevo su destino.