Caden De Rodillas: Elara Marca La Distancia

Caden apareció en el umbral de Elara reducido a restos de sí mismo, con la soberbia hecha añicos. Golpeó la puerta con cautela, consciente de que ya no tenía derecho a exigir nada. Cuando ella abrió, encontró a un hombre desorientado que apenas pudo decir, entre susurros quebrados, que necesitaba hablar sinceramente hoy, por favor.
Para Elara, aquella escena no era el inicio de una reconciliación, sino el epílogo que merecía su propia historia. Escuchó sin interrumpir, dejando que el arrepentimiento de Caden se derramara sin promesas. Comprendió que perdonarlo no implicaba volver, sino confirmar que por fin tenía el poder de cerrar la puerta y seguir avanzando serena, libre.