Gentileza Protegida, Paz Que No Se Negocia

Elara miró a Caden con una serenidad nueva, distinta a cualquier versión anterior de sí misma. Le explicó que su mayor responsabilidad ya no era con él, sino con la mujer que había sobrevivido a la enfermedad y a la traición. Proteger su propia amabilidad significaba poner límites firmes donde antes sólo había concesiones.
Cuando pronunció su último “Adiós, Caden”, comprendió que no buscaba castigo, sino descanso. Cerró la puerta con suavidad, sabiendo que al otro lado quedaban la culpa y el pasado. Al alejarse por el pasillo, sintió que por fin caminaba ligera hacia una vida elegida por ella, no impuesta. Era su propia definición de paz, tejida sin miedo.