Divorcio Frío Y La Estocada Definitiva

El aviso del abogado no la tomó por sorpresa: Caden quería el divorcio. Elara escuchó en silencio y respondió con una sola orden, firme como un veredicto: “Firma todo”. Para ella, aceptar no era rendirse, sino mover pieza. Romper el vínculo legal sería el primer paso de su ofensiva calculada. Seca, contundente, imposible de revertir.
Cuando la tinta selló su firma, Elara sintió que se desprendía de una cadena oxidada. No hubo lágrimas, solo alivio y una serenidad afilada. Cerrar ese matrimonio significaba despejar el tablero: ahora podía concentrarse en recuperar lo perdido y reservar, en silencio, el golpe definitivo que lo derrumbaría, sin avisos, sin culpa, sin perdón posible.